La dieta mediterránea es probablemente el patrón alimenticio más estudiado del mundo.
Eso tiene una ventaja y un inconveniente: hay mucha evidencia, y también muchas
revisiones de distinta calidad que llegan a conclusiones distintas.
Qué se revisa en una revisión paraguas
Una revisión paraguas no es un estudio nuevo: es una revisión que revisa
revisiones sistemáticas y metaanálisis, para evitar contar dos veces los mismos
ensayos. La que resume aquí la evidencia sobre dieta mediterránea y enfermedad
cardiovascular incluyó 18 metaanálisis que englobaban 238 ensayos aleatorizados,
con solo un 8 % de solapamiento entre los estudios primarios [1].
Los autores evaluaron la calidad de cada revisión con AMSTAR-2 y extrajeron la
certeza de la evidencia con GRADE, las dos herramientas estándar del campo. La
mayoría de estos equipos no se limita a contar cuántos ensayos hay, sino que juzga
cuánto se puede fiar uno de ellos.
Los resultados, con su incertidumbre
| Resultado |
Comparación |
Rango de razón de riesgo |
Certeza GRADE |
| Mortalidad cardiovascular |
frente a atención habitual |
0,35 (0,15-0,82) a 0,90 (0,72-1,11) |
Baja |
| Infarto no mortal |
frente a otra intervención activa |
0,47 (0,28-0,79) a 0,60 (0,44-0,82) |
No especificada en el resumen |
Traducido a lenguaje llano: la dieta mediterránea se asoció a menos
mortalidad cardiovascular frente a no hacer nada, y a menos infartos no
mortales frente a otra intervención dietética activa. En términos relativos, los
autores estiman que reduciría el riesgo de resultados cardiovasculares fatales
entre un 10 % y un 67 %, y el de resultados no fatales entre un 21 % y un 70 % [1].
Dos matices que están en el propio artículo y no en las noticias:
- La certeza de la evidencia sobre mortalidad es baja, según GRADE [1]. Eso
significa que es probable que el efecto real esté en algún lugar de ese rango
amplio, no que el número central sea preciso.
- La calidad metodológica de la mayoría de las revisiones revisadas era baja o
críticamente baja (16 de 18, el 84 %) [1].
Por qué esos números son tan amplios
Que el intervalo vaya de 0,35 a 0,90 no es un detalle estadístico: es el aviso de
que no sabemos qué parte de ese efecto es real. Un rango que incluye tanto una
reducción casi del 65 % como una del 10 % no permite afirmar «la dieta
mediterránea reduce la mortalidad cardiovascular un 40 %», aunque ese número
resulte de multiplicar dos cifras.
Los autores lo dicen con claridad en su conclusión: hacen falta revisiones de
mejor calidad [1]. Y el efecto fue más marcado en los estudios con población que
ya tenía enfermedad cardiovascular establecida, es decir, en prevención
secundaria [1].
Qué es una dieta mediterránea en términos de alimentos
Más allá de los estudios, la OMS describe los principios que comparten este tipo
de patrones: una variedad de alimentos mínimamente procesados o no procesados,
bajos en grasas no saludables, azúcares libres y sodio, y con abundancia de
cereales integrales, verduras, fruta y legumbres [2].
El IOM sitúa el rango de carbohidratos en el 45-75 % de la energía, con el
acento en cereales integrales, verduras, fruta y pulses —legumbres— [3]. Y las
legumbres tienen además evidencia propia: una revisión sistemática del consumo de
legumbres y salud cardiometabólica encontró una asociación inversa significativa
entre el consumo total de legumbres y el riesgo de enfermedad cardiovascular y de
enfermedad coronaria [4].
Un límite honesto
La dieta mediterránea es un patrón, no un alimento concreto ni una dieta
restrictiva: se puede seguir en casa, en el trabajo o en un restaurante, y admite
variantes regionales. Lo que la evidencia apoya es el conjunto del patrón, no
ninguna marca ni ningún ingrediente aislado.
Este artículo describe lo que dicen las revisiones sistemáticas sobre población
general. Si tienes enfermedad cardiovascular, estás en embarazo o sigues un
tratamiento, la conversación con tu profesional de salud va por delante.
Por qué no basta con decir «como en Italia»
Un detalle metodológico que suele pasarse por alto: en estos ensayos, la «dieta
mediterránea» rara vez significa una receta única. Suele ser un patrón definido por
proporciones y por frecuencia de alimentos, evaluados con cuestionarios o escalas
de puntuación, y asignado a un grupo que recibe asesoramiento. Eso tiene dos
consecuencias:
- Lo que funciona probablemente sea el conjunto, no un alimento concreto: nadie
ha probado por separado el aceite de oliva, las legumbres o el pescado.
- Estos ensayos son casi todos de prevención o con seguimiento limitado, y el
efecto sobre la mortalidad se mide en años, no en semanas. Un patrón que se
sostiene durante años no se puede medir en un ensayo corto, y esa es
precisamente la limitación que arrastra toda la evidencia sobre dieta a largo
plazo.
Por eso la recomendación práctica que se puede sostener es la que ya formulan las
guías: comer más vegetales, fruta, legumbres y cereales integrales; menos comida
ultraprocesada, menos sal y menos grasas saturadas [2]. Es más fácil de mantener
que «hacer dieta mediterránea» y es la parte del consejo con respaldo más sólido.
En resumen
- Una revisión paraguas de 18 metaanálisis y 238 ensayos encuentra menos
mortalidad cardiovascular y menos infartos con la dieta mediterránea [1].
- Pero la certeza de esa evidencia es baja y la calidad de las revisiones
revisadas, generalmente baja, así que el tamaño exacto del efecto no está
bien establecido [1].
- El consejo estructural —legumbres, cereales integrales, verduras, fruta, poco
procesado— tiene respaldo tanto en las guías de salud pública [2][3] como en la
evidencia específica de legumbres [4].