Este artículo no incluye una lista de «las lesiones más frecuentes», por decisión
editorial. El motivo está al final, porque esa ausencia es deliberada.
Por qué no publicamos un ranking de lesiones
Para publicar «las cinco lesiones más frecuentes al entrenar» haría falta una
fuente de alta evidencia que comparara prevalencias en una población definida. No la
hemos verificado, y esta web no publica cifras sin fuente comprobada.
Un problema añadido: las lesiones cambian radicalmente según el deporte, la edad y
el nivel. Un estudio de corredores no describe lo que le pasa a quien levanta pesas
en casa, y mezclar poblaciones produce un ranking que no significa nada para quien
lo lee.
Preferimos decir «no lo hemos verificado» a publicar un número plausible.
Lo que sí se puede afirmar: la mayoría no es grave, pero hay señales
Lo que sí tiene respaldo es lo contrario: la evidencia disponible sugiere que la
mayoría del daño muscular durante el entrenamiento es temporal y se resuelve. Y
en la revisión sobre fuerza en casa en mayores, de 21 estudios y 4.053
participantes, no se reportaron efectos adversos mayores [1].
Lo que ese mismo conjunto de estudios no mostró fue reducción de caídas [1].
Y la revisión Cochrane de prevención de caídas en mayores deja un punto claro:
el efecto del ejercicio fue mayor cuando lo entregaba un profesional sanitario,
normalmente un fisioterapeuta [2].
Cuándo esto es una señal de alarma, y qué hacer
Esta web no diagnostica ni clasifica lesiones. Lo que sí hace es derivar. Las
señales que justifican consultar con un profesional son de sentido común médico y
no se presentan aquí como una lista de decisión clínica:
- Dolor que no se explica por el esfuerzo realizado.
- Dolor que empeora en lugar de mejorar con el reposo habitual.
- Hinchazón, deformidad o pérdida de función evidente.
- Dolor que impide las actividades diarias básicas.
- Cualquier síntoma que te preocupe, que es un motivo válido de consulta.
La regla de este sitio: derivar, no diagnosticar. Y hay una razón de fondo: la
evidencia que conecta ejercicio y mortalidad está construida sobre poblaciones sanas
[1][2][3], no sobre personas con dolor.
La prevención es más sólida que el tratamiento
La parte de la web donde la prevención sí tiene cifras es la de las caídas
en mayores [2]:
| Tipo de ejercicio |
Reducción de caídas |
Evidencia |
| Equilibrio + funcional + fuerza |
−34 % (RaR 0,66; IC 95 %: 0,50-0,88) |
Certeza moderada |
| Equilibrio y funcional |
−24 % (RaR 0,76; IC 95 %: 0,70-0,81) |
Alta certeza |
| Ejercicio (cualquier tipo) |
−23 % (RaR 0,77; IC 95 %: 0,71-0,83) |
Alta certeza |
| Solo fuerza, baile o caminar |
Incierto |
— |
Y una revisión sistemática de guías de práctica clínica sobre prevención y gestión
de caídas en mayores sirve de base para entender qué recomiendan estas guías [4].
Conclusión práctica: prevenir es más fácil que reparar, y la parte con más
respaldo clínico es el trabajo de equilibrio.
Sobre la aptitud médica previa
Un recordatorio de la guía de la OMS que cambia el diseño de cualquier web de
salud: la aptitud médica previa no es necesaria para personas sin
contraindicaciones que empiezan con actividad ligera o moderada que no supere lo
del caminar rápido [3].
Un cuestionario previo no debe ser un muro. Solo tiene sentido si se propone
actividad por encima del caminar rápido, o si hay síntomas o enfermedad previa [3].
En resumen
- Esta web no publica un ranking de lesiones porque no ha verificado una
fuente que lo sostenga.
- La fuerza en casa en mayores no reportó efectos adversos mayores, pero tampoco
redujo caídas [1].
- Lo que tiene beneficio clínico cuantificado es prevenir caídas con
equilibrio + funcional + fuerza: −34 % (RaR 0,66) [2].
- Ante dolor que no se explica o que empeora, la conducta correcta es consultar,
no buscar el diagnóstico en una web.
Este artículo no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si algo te
duele, empieza por ahí.