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Sal y sodio: cuánto recomienda la OMS y qué se sabe del efecto en la tensión

La recomendación de menos de 2 g de sodio al día, la relación dosis-respuesta con la tensión arterial y por qué la evidencia sobre los eventos cardiovasculares aún no están firmly establecidos.

La sal es de los pocos ingredientes donde salud pública e investigación apuntan en la misma dirección, y también de los pocos donde conviene separar con cuidado lo que está demostrado de lo que solo es plausible.

La cifra de la OMS

La recomendación de la Organización Mundial de la Salud es directa: limitar la ingesta de sodio a menos de 2.000 mg al día, lo que equivale a menos de 5 g de sal al día, aproximadamente una cucharadita de té [1][2]. La hoja de datos sobre alimentación saludable repite la misma referencia: menos de 5 g de sal (2 g de sodio) en adultos [5].

La distancia entre la recomendación y la realidad es enorme. La media mundial de ingesta de sodio en adultos fue de 4.278 mg al día —unos 11 g de sal— en 2021, más del doble del límite recomendado [2]. La OMS atribuye a ese exceso unos 1,7 millones de muertes al año [2].

Conviene entender por qué la cifra se expresa en sodio y no en sal. El sodio es el elemento activo; la sal es la forma en que se ingiere, y la conversión es fija: 1 g de sodio equivale aproximadamente a 2,5 g de sal [1]. Si el consejo dice «2 g de sodio» y la etiqueta dice «5 g de sal», no hay contradicción: es la misma cantidad con dos unidades.

La relación dosis-respuesta con la tensión arterial

Aquí la evidencia es bastante más firme. Un metaanálisis de 133 ensayos aleatorizados, con 12.197 participantes y midiendo la ingesta por la excreción urinaria de sodio de 24 horas —que es el método de referencia, no el cuestario— encontró una relación dosis-respuesta clara [3].

Los resultados medios de los ensayos fueron:

Medida Reducción media IC 95 %
Sodio en orina de 24 h 130 mmol 115 a 145
Tensión sistólica 4,26 mmHg 3,62 a 4,89
Tensión diastólica 2,07 mmHg 1,67 a 2,48

Por cada reducción de 50 mmol en la excreción urinaria de sodio, la tensión sistólica bajaba 1,10 mmHg de media [3]. La reducción se observó tanto en personas con hipertensión como sin ella [3].

Un detalle metodológico que el artículo sostiene con datos: en los ensayos de menos de 15 días, el efecto por cada 50 mmol era de 1,05 mmHg, menos de la mitad del observado en estudios más largos (2,13 mmHg) [3]. Es decir, un ensayo corto subestima el efecto real de reducir el sodio.

Dónde aprieta más

El metaanálisis identifica tres grupos donde la reducción de sodio baja más la presión sistólica: personas mayores, poblaciones no blancas y quienes tienen una tensión sistólica basal más alta [3]. Sugiere que el beneficio de la medida no es uniforme, y por eso una recomendación de salud pública —dirigida a toda la población— no se traduce en el mismo número para cada persona.

La OMS señala además que el potasio puede contrarrestar los efectos negativos de un sodio elevado sobre la presión arterial [5].

El punto débil: eventos cardiovasculares, no solo tensión

Y aquí conviene bajar el pie. Bajar la tensión arterial es un resultado intermedio sólido; que eso se traduzca en menos infartos y menos muertes es una pregunta distinta, y ahí la evidencia aleatorizada es mucho más débil.

La revisión Cochrane de 2014 sobre reducir la sal para prevenir enfermedad cardiovascular es explícita: incluyó ocho ensayos con 7.284 participantes y, pese a reunir más datos de eventos que revisiones anteriores, no tenía potencia suficiente para confirmar efectos clínicamente importantes sobre la mortalidad cardiovascular en población normotensa o hipertensa [4].

Lo que sí encontró, con matices:

  • Hubo evidencia débil de beneficio en eventos cardiovasculares, pero los resultados fueron inconclusos.
  • Estos hallazgos estaban impulsados por un único ensayo entre residentes de residencias de mayores, que redujo la sal en las cocinas de los centros, sin necesidad de cambio de conducta individual [4].
  • La reducción de la presión arterial fue pequeña; en el seguimiento más largo se observó en torno a 1 mmHg en normotensos y 2-4 mmHg en hipertensos [4].

La conclusión de los revisores es que sus hallazgos no significan que haya que dejar de recomendar reducir la sal, pero sí que el consejo individual de reducción de sal no está respaldado como estrategia por la evidencia actual, y que harían falta estudios mejor dimensionados [4].

Esa tensión entre «reduce la tensión» (bien establecido) y «reduce los eventos» (aún no concluyente) explica por qué la web no debe vender la sal como algo que «provoca infartos» sin más matices.

De dónde viene la sal que comemos

La OMS insiste en un punto que cambia la estrategia: en muchos países, la mayor parte del sodio no viene del salero sino de alimentos procesados —comidas preparadas, embutidos, queso, pan— y de condimentos como el caldo, los cubitos, la soja o la salsa de pescado [5]. La reducción de sal «a ojo», echando menos al guiso, deja intacta la mayor parte de la exposición.

En resumen

  1. La OMS recomienda menos de 2 g de sodio (5 g de sal) al día [1][2].
  2. Reducir el sodio baja la tensión arterial con una relación dosis-respuesta clara y bien medida [3].
  3. Que eso se traduzca en menos eventos cardiovasculares todavía no está confirmado por ensayos aleatorizados [4].
  4. La mayor parte de la sal de la dieta occidental viene de procesados, no del salero [5].

Si tienes hipertensión, insuficiencia cardíaca o enfermedad renal, tu profesional sanitario puede marcarte una cifra de sodio distinta a la de salud pública. Este artículo recoge la evidencia para población general sana.

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Fuentes de este artículo (5)5 referencias
  1. Organización Mundial de la Salud (OMS) (2012) Guideline: Sodium intake for adults and children. Organización Mundial de la Salud (OMS), WHO/NMH/NHD/13.2. Ver fuente (se abre en una pestaña nueva)Guía de la OMS con revisión sistemática underpinning (ingesta de sodio)Licencia: OMS: el contenido de esta web está disponible bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0 IGO. Se cita con enlace.Consultado:
  2. Organización Mundial de la Salud (OMS) (2026) Sodium reduction — hoja de datos. Organización Mundial de la Salud (OMS). Ver fuente (se abre en una pestaña nueva)Hoja de datos de la OMS (reducción de sodio)Licencia: OMS: el contenido de esta web está disponible bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0 IGO. Se cita con enlace.Consultado:
  3. Huang L, Trieu K, Yoshimura S, Neal B, Wu KH, McCarron J, et al. (2020) Effect of dose and duration of reduction in dietary sodium on blood pressure levels: systematic review and meta-analysis of randomised trials. BMJ 2020;368:m315. Ver fuente (se abre en una pestaña nueva) DOI: 10.1136/bmj.m315Metaanálisis de ensayos aleatorizados (dosis de sodio y tensión arterial)Licencia: Artículo de acceso abierto (texto completo en PubMed Central, CC BY 4.0). Se cita con enlace.Consultado:
  4. Adler AJ, Taylor F, Martin N, Gottlieb S, Neal B (2014) Reduced dietary salt for the prevention of cardiovascular disease. Cochrane Database of Systematic Reviews 2014, Issue 12. Art. No.: CD009217. Ver fuente (se abre en una pestaña nueva) DOI: 10.1002/14651858.CD009217.pub3Revisión sistemática Cochrane (reducir sal y eventos cardiovasculares)Licencia: Revisión de la Cochrane Library. Se cita con enlace; no se reproduce texto salvo cita breve verificable.Consultado:
  5. Organización Mundial de la Salud (OMS) (2026) Healthy diet — hoja de datos. Organización Mundial de la Salud (OMS). Ver fuente (se abre en una pestaña nueva)Hoja de datos de la OMS (recomendaciones de salud pública)Licencia: OMS: el contenido de esta web está disponible bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0 IGO. Se cita con enlace.Consultado: