Saltar al contenido principal
Pan y HierroNutrición y ejercicio con fuentes

Nutrición

Ultraprocesados: qué define la categoría y qué dice la evidencia

La categoría NOVA aplicada a los alimentos, la revisión sistemática sobre esteatosis y síndrome metabólico, y por qué la evidencia es casi toda observacional.

«Alimento ultraprocesado» suena a categoría de marketing, pero en la literatura científica es una clasificación concreta, con criterios concretos, y esa diferencia es lo que separa la evidencia seria de las opiniones.

Qué es «ultraprocesado»

La clasificación que se usa en la investigación es la NOVA, que agrupa los alimentos en cuatro grupos según el grado de procesamiento industrial:

Grupo Qué es Ejemplos
Sin procesar o mínimamente procesado Alimentos tal como se producen Fruta, verdura, legumbres, huevos, pescado
Ingredientes culinarios Usados como ingredientes de cocina Aceite, sal, azúcar, harina
Procesados Alimentos transformados conservando sus ingredientes principales Legumbres en conserva, atún en lata, fruta en almíbar
Ultraprocesados Formulados con muchos ingredientes y aditivos, para dar sabor y textura Galletas, bebidas azucaradas, cereales de desayuno, embutidos

La diferencia clave está en el último grupo: no es «más cocinado» ni «más envasado», sino reformulado. Un alimento ultraprocesado se caracteriza por usar formulaciones que combinan muchos ingredientes —incluidos emulsionantes, endulzantes, aromas y colorantes— con el objetivo de reproducir el sabor y la textura de un alimento que en realidad no se está usando [1].

Lo que encontró la revisión sistemática

La revisión de Grinshpan y colaboradores se centró en un terreno concreto: la asociación entre consumo de ultraprocesados y enfermedad hepática grasosa no alcohólica (NAFLD) y sus factores de riesgo, incluido el síndrome metabólico y la resistencia a la insulina [1]. Su conclusión tiene tres partes, y las tres importan:

  1. El consumo elevado de ultraprocesados se asocia con el desarrollo de distintas enfermedades no transmisibles relacionadas con la dieta, sobre todo obesidad y diabetes tipo 2 [1].
  2. La asociación con la enfermedad hepática grasosa no alcohólica es probable, pero todavía no está bien establecida: la revisión la describe como «puede estar asociada» y pide más estudios prospectivos grandes [1].
  3. El artículo no presenta estos resultados como una recomendación clínica, sino como base para que investigadores y responsables de salud pública desarrollen recomendaciones basadas en evidencia [1].

El límite que hay que decir siempre

La parte honesta de este tema es el diseño de los estudios. La mayor parte de la evidencia sobre ultraprocesados y salud es observacional: se compara quién consume más y quién consume menos, sin asignar al azar. Eso permite ver asociaciones, no causalidad, y deja abierta la posibilidad de que otros factores —nivel socioeconómico, actividad física, acceso a la atención sanitaria— expliquen parte del resultado.

Que la revisión lo señale explícitamente, pidiendo estudios prospectivos o intervencionistas adicionales, es la diferencia entre «hay indicios» y «está demostrado» [1].

Lo que sí dicen las guías de salud pública

Las guías de salud pública no usan la categoría NOVA, pero su consejo apunta en la misma dirección. La hoja de datos de la OMS sobre alimentación saludable establece que una variedad de alimentos minimamente procesados o no procesados, bajos en grasas no saludables, azúcares libres y sodio, es la base de cualquier dieta sana [2].

Esa frase tiene tres partes que conviene separar, porque cada una se apoya en algo distinto:

  • El valor nutricional de lo no procesado es incontestable y es lo que sostiene la recomendación de aumentar fruta, verdura y legumbres.
  • El sodio, los azúcares libres y las grasas trans de los ultraprocesados sí tienen repercusión directa en la salud pública [2].
  • El efecto propio del ultraprocesado, más allá de sus ingredientes, es lo que todavía se está investigando [1].

Por qué importa en la etiqueta

Los ultraprocesados se relacionan con la lectura de etiquetas: el Codex alimentario de la OMS define la declaración nutricional obligatoria y las ingestas de referencia que aparecen en la etiqueta, y el metaanálisis de Shangguan y colaboradores documenta que el etiquetado nutricional sí modifica el comportamiento de compra de la población, con reducciones en la compra de calorías [4].

Es un recordatorio útil: la industria de los ultraprocesados y la de las etiquetas no son el mismo tema, aunque a veces se confundan. Saber leer una etiqueta es una herramienta; el debate científico sobre la categoría ultraprocesada es otro asunto.

En resumen

  1. «Ultraprocesado» es una categoría con criterios industriales definidos, no un apodo del marketing.
  2. La revisión sistemática encuentra asociación con hígado graso, obesidad y síndrome metabólico, y califica esa asociación de probable pero no establecida [1].
  3. Las guías de salud pública recomiendan minimizar los procesados por su contenido en sodio, azúcares libres y grasas trans, con respaldo propio [2].
  4. La evidencia sobre el efecto del ultraprocesado en sí mismo, más allá de los nutrientes que aporta, es mayoritariamente observacional [1].

Este artículo no es una recomendación médica. Si tienes una patología digestiva o metabólica, el consejo sobre ultraprocesados debe salir de tu profesional de salud.

Artículos relacionados

Fuentes de este artículo (4)4 referencias
  1. Grinshpan LS, Eilat-Adar S, Ivancovsky-Wajcman D, Kariv R, Tirosh I (2024) Ultra-processed food consumption and non-alcoholic fatty liver disease, metabolic syndrome and insulin resistance: A systematic review. Journal of Hepatology Reports 13(1):100964. Ver fuente (se abre en una pestaña nueva) DOI: 10.1016/j.jhepr.2023.100964Revisión sistemática (ultraprocesados y enfermedad metabólica)Licencia: Artículo de acceso abierto (texto completo en PubMed Central, CC BY-NC-ND 4.0). Se cita con enlace.Consultado:
  2. Organización Mundial de la Salud (OMS) (2026) Healthy diet — hoja de datos. Organización Mundial de la Salud (OMS). Ver fuente (se abre en una pestaña nueva)Hoja de datos de la OMS (recomendaciones de salud pública)Licencia: OMS: el contenido de esta web está disponible bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0 IGO. Se cita con enlace.Consultado:
  3. Institute of Medicine (IOM, National Academies) (2005) Dietary Reference Intakes for Energy, Carbohydrate, Fiber, Fat, Fatty Acids, Cholesterol, Protein, and Amino Acids. The National Academies Press, Washington, DC. Ver fuente (se abre en una pestaña nueva)Informe de consenso del Institute of Medicine (DRI de macronutrientes y fibra)Licencia: Obra del Gobierno de los Estados Unidos (dominio público). Descarga gratuita en nap.edu.Consultado:
  4. Shangguan S, Afshin A, Shulkin M, Ma W, Robinson KA, Mozaffarian D (2019) A Meta-Analysis of Food Labeling Effects on Consumer Diet Behaviors and Industry Practices. American Journal of Preventive Medicine 56(4). Ver fuente (se abre en una pestaña nueva) DOI: 10.1016/j.amepre.2018.09.024Metaanálisis de estudios sobre etiquetado de alimentosLicencia: Artículo de revista disponible en PubMed Central, con derechos de autor (sin licencia libre). Se cita con enlace; no se reproduce texto salvo cita breve verificable.Consultado: