«Un déficit de 500 kcal al día son medio kilo por semana» es una cuenta que sale
bien sobre el papel y que rara vez se cumple en la práctica. Entender por qué
exige mirar lo que dicen las guías, no solo la aritmética.
Qué es un déficit calórico
Un déficit calórico es, simplemente, gastar más energía de la que se ingiere. La
consecuencia sobre el peso depende de muchos factores: cuánto pesa la persona, su
masa muscular, su actividad real, cómo se adapta el cuerpo a lo largo de las semanas
y cuánto del peso que se mueve es agua o contenido gastrointestinal.
Conviene tener presente la definición técnica: la kilocaloría es la energía necesaria
para elevar un kilogramo de agua un grado centígrado, y el metabolismo es el
conjunto de procesos por los que el organismo convierte lo que ingiere en energía
utilizable [1]. El punto delicado es que «lo que se ingiere» y «lo que se gasta»
no son magnitudes fijas. La ingesta se mide con precisión razonable; el gasto es
una estimación.
Por qué las guías evitan las cifras de pérdida semanal
La guía clínica de NICE sobre obesidad no fija un ritmo de pérdida de peso semanal
como objetivo. Su enfoque es deliberadamente práctico: parte de que cualquier
objetivo depende de la adherencia, que varía mucho entre personas, y de que un
plan que no se sostiene no sirve de nada [2].
La razón está en el diseño de los estudios. Los ensayos de intervención en
obesidad duran semanas o meses, con seguimiento limitado, y casi ninguno publica
un resultado a diez años. Cuando alguien anuncia que se pierden diez kilos en diez
días, está describiendo un efecto a corto plazo que nadie ha comprobado que se
mantenga después.
Hay un segundo motivo, más importante para la salud: un déficit grande y rápido
suele venir acompañado de pérdida de masa muscular, no solo de grasa. Y el
cuerpo se adapta. Las ingestas reducidas de forma sostenida bajan el gasto en
reposo, de modo que el déficit real acaba siendo menor que el previsto.
La energía es un rango, no una cifra
Un detalle que suele pasarse por alto: las ingestas de referencia de la Unión
Europea incluyen un rango de energía para adultos, no una cifra única. El
motivo es que el gasto varía con el peso, la edad, el sexo y la actividad física
[3].
| Concepto |
Qué es |
Dónde está |
| Ingesta de referencia (IRN) |
Rango de energía que cubre las necesidades de la mayoría de la población sana |
Reglamento 1169/2011, Anexo XIII [3] |
| Gasto energético |
Energía que el organismo consume, incluido el gasto en reposo |
DRI, Institute of Medicine [1] |
| Resultado a largo plazo |
Lo que una estrategia mantiene con el tiempo |
No lo miden los ensayos cortos |
Que el propio marco normativo europeo presente la energía como una banda y no como
un número dice bastante sobre el falso de precisión de cualquier cálculo
individual.
Lo que sí se puede afirmar
Las guías de salud pública no describen la pérdida de peso como un procedimiento
rápido, sino como un cambio de hábitos. La hoja de datos de la OMS sobre
alimentación saludable se centra en la composición de la dieta —verduras,
legumbres, cereales integrales, menos sal— y no en una aritmética de
kilocalorías [4]. El punto de partida es la calidad de lo que se come, no la
cantidad.
Tres ideas que sí tienen respaldo:
- El patrón de la comida importa. No es lo mismo una dieta que quita
componentes concretos que una que cambia la composición manteniendo las
calorías.
- La velocidad no garantiza permanencia. Lo que se mantiene es el hábito, no el
ritmo.
- Los objetivos rápidos requieren supervisión. Cualquier pauta muy restrictiva
debe comentarse con un profesional, sobre todo si hay patología, medicación o
antecedentes de trastornos alimentarios.
Un límite que conviene no perder de vista
Este artículo explica qué es un déficit calórico y por qué las cifras rápidas no
son fiables. No es una guía para hacer uno, y no se puede publicar aquí una
recomendación de reducción calórica sin conocer la situación de quien lee. Si ese
es tu caso, la conversación con tu médico o dietista-nutricionista no es
opcional.
Lo que la evidencia sostiene es más modesto de lo que se publica en redes: un
cambio de patrón alimentario que se pueda mantener en el tiempo, con atención a la
composición de la dieta. Es lo que respaldan las guías de salud pública [2][4].