Beber agua es de esas cosas que todo el mundo hace sin usar ninguna fuente. Y sin
embargo, la cifra que se repite, «dos litros al día», no es la que aparece en los
documentos de referencia. Veamos qué dicen y, sobre todo, qué no dicen.
La ingesta adecuada de agua del IOM
El Dietary Reference Intakes del Institute of Medicine, publicado en 2005, establece
una Ingesta Adecuada (AI) para el agua total, que no es solo el agua que se
bebe: incluye el agua de las bebidas y la contenida en los alimentos [1].
| Grupo |
De alimentos |
De bebidas |
Agua total |
| Hombres adultos |
0,7 L |
3,0 L |
3,7 L/día |
| Mujeres adultas |
0,5 L |
2,2 L |
2,7 L/día |
Dos matices importantes sobre cómo se construyó ese número [1]:
- Es una AI, no una RDA. La diferencia es sustantiva: la RDA se deriva de un
Estimated Average Requirement y busca cubrir al 97-98 % de los individuos sanos.
La AI se establece cuando no hay evidencia suficiente para calcular una RDA, y se
basa en las ingestas observadas o experimentalmente determinadas de un grupo que
parece adecuadamente nutrido. Describe lo que hace la gente sana, no lo que necesita
todo el mundo.
- El IOM no encontró evidencia para establecer un límite superior, y su conclusión
es explícita: la combinación de sed y el consumo de bebidas en las comidas permite
mantener el estado de hidratación y el agua corporal en niveles normales, y la
actividad física y la exposición ambiental (el calor) se ajustan día a día.
De hecho, el informe señala que aproximadamente el 80 % del agua total proviene de
bebidas y agua, y que las bebidas con cafeína y con alcohol, aunque se han mostrado con
efecto diurético en algunos estudios, contribuyen al agua total, porque ese efecto
parece transitorio [1].
Beber más allá de la sed: qué se sabe y qué no
Aquí hay que ser cuidadoso, porque la afirmación «beber mucho es mejor» circuló mucho
antes de tener apoyo. Una revisión narrativa sobre agua y salud en población general
llega a una conclusión prudente: hay una evidencia creciente a favor de que la
hidratación adecuada importa, sobre todo en relación con la cognición, el riesgo de
cálculos renales y el control del peso, pero la evidencia es en gran medida
asociativa, carece de consistencia y el número de ensayos aleatorizados es limitado
[2].
La propia revisión señala los huecos: hay pocos datos sobre el efecto de pequeñas
variaciones del estado de hidratación, sobre el papel del sexo y las hormonas sexuales, y
sobre la edad, especialmente en mayores y en niños [2].
El detalle menos obvio de la investigación reciente
Un trabajo de 2021 sobre el consumo de agua en personas latinas de Estados Unidos
aporta un dato que suele pasarse por alto: analiza la adherencia a la ingesta adecuada
total de agua (TWI) del IOM y observa dos cosas relevantes [2]. Primero, que la
adherencia a esas recomendaciones del IOM ha sido baja en las últimas décadas, de
forma sostenida; y segundo, que en esa población el consumo total de agua era similar
entre personas latinas y blancas no hispanas, pero las personas latinas consumían de
forma consistente más agua embotellada y menos agua del grifo [2].
Eso importa porque «agua» no es una categoría única: el agua del grifo, la embotellada y
la de las bebidas no tienen la misma historia, ni el mismo coste, ni la misma percepción
de seguridad. Cualquier consejo sobre hidratación tiene que empezar por ahí.
por ahí.
Por qué la cifra va con la comida
El último detalle: el 20 % del agua total viene de los alimentos [1]. La cuenta no
es «cuántas botellas bebo», es «cuánta agua consumo entre bebidas y comida». Y explica
por qué dos personas con la misma cantidad de agua embotellada pueden estar en
posiciones muy distintas según lo que comen.
La hoja de datos de la OMS sobre alimentación saludable, por su parte, no fija una cifra
diaria de agua, pero sí encaja el agua en su consejo general: la base de una dieta sana
son los alimentos mínimamente procesados o no procesados, bajos en azúcares libres
y sodio [3]. Ese encuadre importa, porque buena parte de la hidratación de una dieta
occidental no viene del agua que se bebe, sino de la que se consume en caldos, sopas,
frutas y verduras.
En resumen
- El IOM establece una ingesta adecuada de 3,7 L/día en hombres y 2,7 L/día en
mujeres de agua total, contando bebidas y alimentos [1].
- Es una AI, no una RDA: describe la ingesta de personas sanas porque no había
evidencia para derivar una recomendación más exigente [1].
- La sed y las bebidas de las comidas bastan para mantener la hidratación
normal, y no se estableció un límite superior por falta de evidencia [1].
- Sobre si beber más de lo que dicta la sed mejora la salud, la evidencia es
asociativa y limitada, no concluyente [2].
Si tienes insuficiencia cardíaca o renal, o tomas medicación que afecta al balance de
líquidos, las necesidades de agua cambian y este artículo no te sirve: consulta con tu
profesional de salud.