Dormir poco y rendir peor parece obvio. Lo que no es obvio es cuánto peor, ni
qué parte del sueño es la que importa, ni qué hacer con eso. Hay dos estudios
recientes que permiten responder con datos en lugar de con sentido común.
Cuánto afecta la privación de sueño
Lopes y colaboradores hicieron una revisión sistemática y metaanálisis de estudios
controlados que comparaban privación de sueño con la noche habitual en pruebas de
resistencia [1].
| Dato |
Valor |
| Estudios analizados |
31 (n = 478) |
| Tamaños de efecto |
38 en total |
| Efecto global en resistencia |
SMD agrupada = -0,52 (IC 95 %: -0,67 a -0,38) |
| Riesgo de sesgo bajo |
8 % de los estudios |
| Riesgo de sesgo no claro |
74 % |
| Riesgo de sesgo alto |
18 % |
Lo primero: un efecto moderado y negativo [1]. Segundo: la distribución del sesgo
es la parte que hay que leer con atención. Solo el 8 % de los estudios tienen
riesgo de sesgo bajo, y tres de cada cuatro están en la categoría «no claro» [1].
Eso no invalida el resultado, pero es la razón por la que este artículo no dice
«dormir X horas más te mejora el rendimiento un Y %».
Un detalle accionable: los ejercicios de más de 30 minutos se vio afectados por
la privación de sueño [1]. Los cortos, no. Y el estado de entrenamiento, la magnitud
de la privación, la hora de la medición, el modo de ejercicio y el tipo de medida no
modificaron el efecto [1].
Qué intervenciones han probado
La segunda fuente es una revisión sistemática de 25 estudios de intervención en
atletas, publicados entre 2011 y 2021 [2]. La pregunta era qué pasa cuando intentas
mejorar el sueño de forma activa, no solo cuando observas cómo afecta el poco
sueño.
De 1.584 registros, 25 estudios cumplieron criterios. Las estrategias fueron
higiene del sueño, siestas, extensión del sueño, manipulación de la luz,
inmersión en agua fría, mindfulness y combinaciones [2].
Los resultados, con sus límites:
- Extensión del sueño y siestas fueron las estrategias más representativas y
las más efectivas [2].
- Mindfulness y manipulación de la luz dieron resultados prometedores, pero
hacen falta más estudios para confirmarlos [2].
- Higiene del sueño, apartar dispositivos electrónicos por la noche e inmersión
en agua fría no tuvieron efecto sobre el sueño y el rendimiento [2].
Ese último punto es contraintuitivo: la «higiene del sueño» —apagar el móvil, tener
horarios— es precisamente de las cosas que este cuerpo de evidencia no respalda. La
extensión del sueño y la siesta, sí.
El límite de toda esta literatura
Antes de convertir esto en consejo, dos advertencias.
La primera es de población. La revisión de intervenciones de sueño habla de
atletas, y la otra, de rendimiento en resistencia en personas sanas. La mayoría
de quienes leen esto no son atletas de élite, y los efectos observados en ese
contexto no se transfieren sin más a la vida normal [1][2].
La segunda es que dormir no está en la guía de actividad física. La OMS trata de
movimiento y sedentarismo [3]. El sueño aparece aquí por los dos estudios
anteriores, no porque la OMS lo recomiende con una cifra. Este sitio no publica
«debes dormir 8 horas» porque no hemos verificado una fuente de salud pública que
lo establezca como cifra concreta.
En resumen
- La privación de sueño tiene un efecto moderado sobre la resistencia: SMD
-0,52 (IC 95 %: -0,67 a -0,38) en 31 estudios con 478 personas [1].
- Los ejercicios de más de 30 minutos se ven más afectados que los cortos [1].
- Solo el 8 % de los estudios tiene riesgo de sesgo bajo; el 74 % es «no
claro» [1].
- Para mejorar el sueño, lo que mejor funcionó fue dormir más y las siestas;
la higiene del sueño y apartar el móvil no mostraron efecto [2].
Si el sueño es un problema persistente (ronquidos, pausas respiratorias,
somnolencia diurna), eso es una consulta médica, no un ajuste de hábitos.